Yaxchilán: El reino de los jaguares y las calaveras





Yaxchilán o “lugar de las piedras verdes” fue la ciudad de los “reyes eternos” y asiento de dinastías de jaguares y calaveras que perduró del 360 al 815 d.C.

Yoaat B´alam (“Pene de Jaguar” o “Engendrador Jaguar”), fundó este señorío localizado en un meandro de la parte occidental del río Usumacinta (Xocol Ha), distante 21 kilómetros de Bonampak, en el municipio de Ocosingo, estado de Chiapas.


A él, que se le identifica igualmente como “el primer señor sentado”, le sucedieron al menos 16 dignatarios, entre otros: Itzamnaaj B´alam I (Escudo Jaguar I), Chi´ich B´alam I (Pájaro Jaguar I), Yax Cráneo Asta de Venado, K´inich Tatb´u Cráneo I, Cráneo Luna, Pájaro Jaguar II, Jaguar Ojo de Nudo I, K´inich Tatb´u Cráneo II, Jaguar Ojo de Nudo II, Pájaro Jaguar III…y el último rey K´inich Tatb´u Cráneo III.


Linda Schele, epigrafista e iconografista del mundo maya, refiere que los más famosos gobernantes de Yaxchilán, Escudo Jaguar II y Pájaro Jaguar IV (padre e hijo) acumularon entre ambos ¡90 años! en el poder, desde 681 d.C. hasta alrededor de 771 d.C.

Otros monarcas que permanecieron largo tiempo en el trono fueron: Pájaro Jaguar II (40 años, del 468-508 d.C.), Jaguar Ojo de Nudo II (63 años aproximadamente, del 565-628 d.C.), Pájaro Jaguar III (50 años, del 628-678 d.C.) y Escudo Jaguar III (42 años, de 768-810 d.C., más o menos).


Posterior al reinado del último soberano, K´inich Tatb´u Cráneo III, sobrevino una invasión a gran escala contra Yaxchilán y muchos de sus monumentos y templos, edificados durante casi cinco siglos de grandeza, quedaron reducidos a escombros.

“Tiempo después del completo abandono de Yaxchilán, la ciudad se convirtió en un lugar de peregrinación para los mayas lacandones, grupo remanente formado por aquellos desplazados hacia la selva por la conquista española”, narran Simon Martin y Nikolai Grube. 1


El nombre de esta ciudad-Estado le fue impuesto en siglo XIX por el arqueólogo Teoberto Maler, aunque antes había sido bautizada por el inglés Alfred Maudslay como Menché Tinamit y hay quienes sostienen que, atendiendo al significado de los glifos, el nombre del sitio pudo haber sido “Lugar del Cielo Dividido”.2

¿Cómo recrear el ambiente selvático e hidrológico en el que se desenvolvió el reino de Yaxchilán?


Quizás la crónica de Linda Schele nos dé una idea de ello cuando narra los preparativos de los legitimadores ritos del báculo de asas y del sangrado de la lengua, previos al ascenso al poder de Pájaro Jaguar IV, hijo de Escudo Jaguar II (742 d.C.):


“Los pájaros que despertaban en los árboles de la otra orilla (del río Usumacinta) y a lo largo de las colinas que dominaban la ciudad elevaron un crescendo de cantos, que contrapunteó el ladrido de los perros del pueblo y el graznido de los papagayos intensamente rojos que revoloteaban al borde del agua.


“A lo lejos, un mono aullador lanzó su propio saludo al nuevo día. El escenario del cielo estaba listo para una festividad importante y la comunidad de pobladores que habitaba a orillas del río aguardaba con ansia los ritos que pronto habrían de empezar.


“Una multitud de ahauob, cahalob (dignatarios) y gente de menor jerarquía se arremolinaba en la fresca plaza contigua al caudaloso río.


“Las plumas iridiscentes de sus tocados se mecían por encima de sus animadas conversaciones como bandada fantástica de aves. La tela bordada y teñida de tonos brillantes de sus atuendos que formaban remolinos en un derroche de color…


…”Mercaderes, visitantes, peregrinos y campesinos de cerca y de lejos habían depositado sus efectos a lo largo del río para que la gente de Yaxchilán los viera…”.3


Otro estudioso de la cultura maya, Akira Kaneko,4 nos recrea el ecosistema en medio del cual se desarrolló Yaxchilán, en donde la temperatura media del mes más frío supera los 18º y la máxima registrada entre mayo y junio oscila entre los 42º y 46º.


Predomina el bosque tropical con sus árboles de caoba, ceibas, cedro, palo mulato y chicozapote, y se encuentra también el bejuco de agua, el cacao y la yuca.


Y merodean el jaguar, el venado de cola blanca, el tapir, conejo tropical, jabalí, armadillo, el pavo de monte, mientras en las copas de los árboles revolotean el mono aullador, el saraguato, los tucanes y guacamayas, entre otras variedades de animales y aves.


Reyes eternos




Linda Schele considera que de los sucesores del fundador de la dinastía de jaguares y calaveras: Yoaat

B´alam, dos fueron los que dejaron huella imperecedera: Escudo Jaguar II, nombrado también “El rey guerrero” y “El grande”, y Pájaro Jaguar IV (padre e hijo), los cuales, como apuntamos inicialmente, sumaron más de siete décadas en el poder.


Durante sus respectivos reinados floreció Yaxchilán que, junto con Bonampak, Palenque y Toniná, constituyen un espléndido legado del refinamiento que alcanzaron los mayas en las artes pictórica, arquitectónica y escultórica.


Escudo Jaguar, “El grande” ascendió al trono en el 681 d.C. y permaneció en éste 60 años. Fue un gran edificador y se le atribuye, ya entrado en edad (70 años), la construcción de una serie de edificios ornamentados con dinteles, estelas y peldaños ricamente labrados con inscripciones históricas.


Los arqueólogos Simón Martin y Nikolai Grube5 señalan que “las esculturas más impresionantes, las inscripciones sobrevivientes más refinadas de toda la región maya son los tres dinteles de las puertas del templo 23”, que fue el yotoot o casa de la señora k`ab`al Xook, esposa principal de Itzamnaaj B´alam II (Escudo Jaguar).



Si en Bonampak nació el muralismo mexicano, en Yaxchilán floreció el arte de la talla y labrado de la piedra. Refieren los investigadores que de aquí salían los escultores a engalanar los templos de Bonampak.

Pájaro Jaguar IV, “El constructor”, continuó con el legado de su padre. Levantó o modificó una docena de edificios. De acuerdo con las investigaciones de Simon Martin y Nikolai Grube, algunos proyectos imitaron el trabajo de su progenitor, de ahí que el templo 21 remodelado durante su reinado reproduzca escenas de sangrías, de ritos adivinatorios, videntes y guerras que se observan, igualmente, en el templo 23 dedicado a la señora k´ab´al Xook.


“Los yaxchilanenses eran maestros en el tallado de monolitos y especialistas en la factura de dinteles de piedra labrada, de los cuales 58 están sobre los portales de las estructuras principales”, subrayan los autores arriba citados.6


Timothy Laughton relata que en las plazas de Yaxchilán se sembraban “te tun” o “árboles de piedra”, que no eran otra cosa que estelas talladas, en las que se inscribían auténticas crónicas de la historia del reino.

Así fue Yaxchilán, la ciudad de los reyes eternos y de las dinastías de jaguares y calaveras…




 

[1] Simon Martin y Nikolai Grube, “Crónica de los reyes y reinas mayas”, ed. Planeta, 2002, p. 37.

[2] Timothy Laughton, “Los mayas: vida, mitología y arte”, Ediciones Jaguar, p.35.

[3]Linda Schele y David Freidel, Una selva de reyes: la asombrosa historia de los antiguos mayas”, ed. Fondo de Cultura Económica, primera reimpresión 2000, pp.364-365.

[4] Alkira Kaneko, “Artefactos líticos de Yaxchilán”, INAH, 2003, p.15-17.

[5] Simon Martin y Nikolai Grube, op. cit., p.125.

[6] Ibidem, p. 117.

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