Telar de cintura: “baúl” de las abuelas con los secretos del pasado

- “¿Qué es la tradición, nino?”

- “La tradición son los hilos en los que está bordado el pasado, esos que cada tejedor lleva guardados, aquí- le señaló con un dedo el lugar del corazón…“Las sagradas viejas eran las encargadas de heredar a otras mujeres los diseños del telar de cintura, nieto, ya sabes”.Fragmentos de la novela Telares(Fabiola Ruiz).


Tejedor con pájaro, Siglos VII-IX d.C. Col. Museo Nacional de Antropología e Historia.

¿Mil, dos mil, tres mil…años?

La historia del telar de cintura se pierde en el tiempo.

Algunos antropólogos aseguran que la cestería, cordonería, redes y enlazados de urdimbre -antecedentes remotos de los exquisitos tejidos y bordados que las diestras manos de los artesanos indígenas (1) logran hoy laboriosamente en un telar de cintura- son tan antiguos como la domesticación del maíz, ocurrida alrededor de 5000 años a.C.

Investigadores de la Universidad Veracruzana (2) estiman que el hilado hecho de pelaje de animales ya se practicaba en Medio Oriente entre 8000 y 7000 años a.C. (periodo neolítico). De ese tiempo datan los tejidos rudimentarios que usaban los hombres de la Edad de Piedra.

En México, restos de textiles arcaicos fueron descubiertos en los estados de Coahuila y Puebla.


Una exploración realizada en 1950 en la cueva mortuoria “La Candelaria”, Coahuila, dio con una rica colección de textiles prehispánicos compuesta de tilmas, lienzos, tocados, cintas y cordeles, confeccionados con fibras de algodón, yuca y agave.


Entre 1960 y 1964 la antropóloga Irmgrad Weitlaner Johnson analizó restos de tejidos localizados en las cuevas del valle de Tehuacán, Puebla, y concluyó que habían sido hilados en un telar de cintura ¡tres mil años atrás! (3)


En el conjunto de dichos materiales se encontraban telas, envoltorios funerarios, redes, cordeles y sandalias, pero el descubrimiento más importante ocurrió en la cueva de Coxcatlán y se trató de un fragmento de algodón que presentaba bandas alternadas con gasas sencillas y brocadas.


Refiere Kirsten Johnson que esta clase de tejido milenario subsiste hasta nuestros días entre los artesanos chinantecos, nahuas de la sierra de Puebla y los descendientes de los mayas de Chiapas y Guatemala, lo cual valida su opinión de que los actuales telares de cintura no son muy distintos a los que se utilizaron en tiempos remotos.


Eran muy variados los materiales “robados” a la naturaleza por nuestros ancestros para la elaboración de su indumentaria, pues, además de los ya mencionados (algodón, yuca y agave), usaban la fibra de una clase de ortiga llamada chichicastle, así como el pelo de conejo, y se sabe que los lacandones de antes recurrían a la corteza del árbol conocido como “majahua”, con la que elaboraban huipiles ceremoniales. (4)


Las huellas de la historia


Lucía Gómez, primera presidenta de Sna Jolobil y a la izquierda su hermana Petrona. Tejedoras maestras. Foto extraída del Libro "Presencia Maya"

“En el telar de pedales tejemos a medias; medio soñando, medio dormidos, porque el telar mayor vino del otro lado del mar ya desraizado, no echó anclas tan hondas como el de cintura en esta tierra, que fue sólo de indios”. (Fragmento de la novela“Telares”)


En efecto, poco han cambiado la técnica del telar de cintura y el simbolismo mítico-religioso en los tramados y sus trazos. Son, por decirlo de algún modo, las huellas de la historia.

La tradición se guarda y trasmite celosamente de generación en generación, tanto entre las tejedoras de los Altos de Chiapas como entre sus congéneres zapotecas de Mitla y Santiago Choapan; los mixtecos de la costa y los cuicatecos de la región de la cañada en Oaxaca; los coras y huicholes en Nayarit; los tepehuanes en Durango y los rarámuris en la Sierra Tarahumara.

Entre los mayas, la producción de textiles con materiales de origen vegetal data del periodo Preclásico (2000-300 a.C.).


Las tejedoras de esta antigua civilización empleaban en la confección de prendas tanto el algodón blanco (gossypium barbadense) como el de color “leonado” (gossypium mexicanum) conocido hoy como “canchic”.

Estudioso de los huipiles elaborados por las indígenas tzotziles y tzeltales de Chiapas, Walter F. Morris jr. cree que los ideogramas plasmados en ellos pueden rastrearse hasta el periodo maya clásico, 250-900 d.C., (5) época que la autora Lourdes Beauregard considera la de mayor esplendor para las etnias mayenses del sureste de México.


A guisa de ejemplo, Morris menciona la indumentaria que portaba la señora Xoc, de Yaxchilán, esposa de Escudo Jaguar (año 709 d.C.) durante la ceremonia del sangrado, en cuyo huipil llevaba estampados rombos con la figura del sapo (jenjen, en lengua tzotzil), símbolo de fertilidad de la tierra y de las aguas.

Este batracio aún aparece en nuestros días en los elaborados trabajos textiles de las comunidades indígenas de los Altos de Chiapas. (6) De manera que, para este mayista, la incorporación de elementos tales como el tiempo y el espacio, así como de figuras zoomorfas, en los rombos típicos de los tejidos, responde a la visión cosmogónica propia de cada una de las diferentes comunidades de esa región.


Como ocurre, igualmente, con los nahuas de Santa Ana Tzacuala, poblado perteneciente al municipio de Ocoxochitlán, Hidalgo, cuyas tejedoras toman como alegoría medular de sus fajas, queschquémtl y rebozos la mazorca del maíz, planta sagrada para las civilizaciones prehispánicas del altiplano.


En Tzacuala, un selecto grupo de abuelas conserva el secreto del teñido, mientras que las tareas de hilar, cardar y retorcer los hilos con malacates siguen siendo de dominio público entre las mujeres jóvenes.

Dice la investigadora hidalguense Cinthya Santos Briones:

“La iconografía que se borda en los textiles nahuas -blusas, enredos y fajas- no es otra cosa que la estilización de su entorno natural, donde el maíz ocupa un lugar central, junto con las flores, animales y astros”. (7)


Ruta de escape a la pobreza

Huipiles Guatemaltecos (detalles) Col. Fomento cultural Banamex. Foto extraída del libro "Arte Textil" Colecciones del Centro de Textiles del Mundo Maya

El telar de cintura y con él la transmisión de la cosmogonía milenaria de los pueblos originarios ha pervivido en medio de los modernos sistemas digitalizados de procesamiento de datos y ejecución mecanizada de la producción.

Últimamente, este ancestral instrumento se ha convertido en la ruta de escape y posibilidad de supervivencia de artesanos talentosos que, desde el México profundo, surgen para llamar la atención de los diseñadores del glamoroso mundo de la moda, tal como acontece con los tejedores de tenangos otomíes de Hidalgo y de huipiles tzotziles en Magdalenas-Aldama y Zinacantán, en los Altos de Chiapas.


Pero, también, el telar de cintura se ha visto inmerso en resistencias al cambio de paradigmas enraizados en los grupos étnicos, según los cuales el cultivo del campo es tarea de hombres, mientras que el telar de cintura es de uso exclusivo de las mujeres.


Pero existen sus excepciones

El estadounidense Frederick Starr, uno de los primeros antropólogos que pisó la región de Mitla a finales del siglo XIX, pasó por alto el hecho de que entre los zapotecos era bien visto que los hombres se instalaran en el telar de cintura a producir las muy apreciadas mantas coloradas y negras usadas en la creación de enaguas. (8)


Pero esta “licencia” de los usos y costumbres de los zapotecos, a la que Starr prestó nula atención, en el siglo XXI se convirtió en un asunto de derechos humanos en la comunidad de Magdalenas-Aldama, distante 32 kilómetros de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, cuando Alberto López Gómez fue duramente censurado por sus vecinos al decidir abandonar las labores del campo para dedicarse a tejer huipiles y otras prendas en su telar de cintura.


Y es que Magdalenas-Aldama es el botón de muestra de la miseria que persiste en las comunidades autóctonas del estado de Chiapas, en particular. La realidad con datos del INEGI (2010) se presenta así:

De sus poco más de 5 mil habitantes, un 98% vive en pobreza y de ese total, 79%, en pobreza extrema; 99% dice habitar en vivienda sin disponibilidad de servicios básicos; 98% carece de acceso a la seguridad social, y el promedio de escolaridad es de 4.5 años.


Huipiles guatemaltecos (detalles) Col. Fomento cultural Banamex. Foto extraída del libro "Arte Textil" Colecciones del Centro de Textiles del Mundo Maya

El campo, como se ve, no da para más y el telar es la ruta de escape.

En entrevista con medios de comunicación masiva, López Gómez narró los incidentes que tuvo que enfrentar y el encierro obligado para evitar los anatemas de sus paisanos que le gritaban en las calles: “el campo es para los hombres; para las mujeres, el telar de cintura”. (9)


El final de esta historia de Alberto López ocurrió en los primeros días de este mes de febrero: venció inercias culturales; se presentó en el evento “Mexico Conference 2020”, organizado por la Universidad de Harvard, donde habló sobre la discriminación en comunidades indígenas y, después, sus diseños de huipiles transitaron por la pasarela del festival neoyorquino sobre la moda en comunidades indígenas americanas (American Indian Fashion).

El milenario telar de cintura emergió victorioso entre los rascacielos.


[1] Hay que destacar que pese a la persistente idea de que el oficio sólo es privativo de las mujeres indígenas, existen testimonios de que en algunos pueblos los hombres también dedican su tiempo a la elaboración de tejidos y bordados autóctonos en el telar de cintura.

[2] Beauregard, Lourdes et. al., La magia de los hilos: arte y tradición textil de Veracruz”, citado por Ma. Teresa Pomar y Juan Rafael Coronel en “Arte textil: colecciones del Centro de Textiles del Mundo Maya”, Fomento Cultural Banamex, 2003, p. 18.

[3] Kirsten Johnson, “Saberes enlazados: la obra de Irmgard Weistlaner Johnson”, Artes de México-Conaculta, 2015, p. 31.

[4] Pomar, Ma. Teresa y Coronel Rivera, Juan Rafael, “Arte textil: colecciones del centro textil del mundo maya”, Fomento Cultural Banamex, Conaculta y Televisa, 2003, p.20.

[5] Walter F. Morris jr., “Guía Textil de los altos de Chiapas”, Conaculta- Na Bolón, asociación cultural, 2014, 2ª. edición, p. 14.

[6] Walter F. Morris jr., Presencia Maya”, Gobierno del estado de Chiapas-Instituto Chiapaneco de Cultura, s/f/e, p.108.

[7] Santos Briones, Cinthya y Pérez Téllez Iván, La cosmovisión indígena y sus representaciones en los textiles. Comunidad nahua de Santa Ana Tzacuala, Ocoxochitlán, Hidalgo”, Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, 2012, p. 11.

[8]Kirsten Johnson, op. cit., p.76.

[9] Para abundar sobre el tema, consultar información adicional en los siguientes links: https://cnnespanol.cnn.com/video/alberto-lopez-chiapas-disenador-tejedor-artesano-ny-perspectivas-mexico/

https://www.milenio.com/estilo/disenador-tzotzil-triunfa-york-disenos-tradicionales

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El Reformador 1076,

Col. Prensa Nacional, 

Tlalnepantla Edo. de Méx.

Amantoli. Detalles inolvidables

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