Reinas por un día

*La glamurosa tradición de los sweet fifteen, un rito de paso de la adolescencia a la adultez


La historiadora por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, Mayavel Saborío Carranza(1), refiere que la temática de las quinceañeras ha sido abordada también en los Estados Unidos desde diferentes perspectivas. Cita, por ejemplo, el filme “Sweet fifteen”, en el que se presenta como asunto colateral el problema de las jóvenes indocumentadas. Igualmente menciona la cinta “Quinceañera” (2007), en la que se tratan temas como el embarazo temprano en las chicas, la homosexualidad y otras cuestiones propias de las comunidades hispanas en la Unión Americana; y un filme adicional: “La quinceañera”, del cineasta Adam Taub, de la Universidad de Colorado, cuyo argumento gira en torno a las peripecias por las que pasa Ana María, una adolescente de escasos recursos habitante de un suburbio de Tijuana, para celebrar su cumpleaños número 15. De modo que además del jolgorio, la fastuosidad, el lucimiento y la pompa que acompañan a muchas quinceañeras en su día, el rito da para más, para la interpretación antropológica de la festividad y…¡para allá vamos!

Origen de la Celebración


No se sabe a ciencia cierta cuál es el origen de la celebración de la fiesta de los quince años en México. Hurgando en el baúl de la historia y gracias a la obra de Fray Bernardino de Sahagún sólo pudimos encontrar referencias acerca de los buenos modales y de cómo clasificaban los aztecas en virtuosas o malas mujeres a las mozuelas que “habían llegado a la edad de la discreción” y que en los días que corren podrían situarse en los quince años, más o menos.

Las quinceañeras de la época prehispánica si eran “buenas chicas”, debían de ser “doncellas hermosas que no consienten que nadie se burle de ellas”.(2) Además, siguiendo por los senderos de Sahagún, tenían que ser castas, cuidar de su honra y comportarse esquivas, así como celosas de sí mismas.

En contraposición, las doncellas deshonestas “hacen buen barato de su cuerpo; son desvergonzadas, locas, presuntuosas…y tienen andar deshonesto y requebrado”.(3) En las sociedades conservadoras, dice Saborío Carranza, se considera que una quinceañera ya es persona apta para adquirir responsabilidades de las personas adultas y mantener relaciones de noviazgo que las lleven directamente al matrimonio.

De acuerdo con las indagaciones realizadas sobre el asunto por la investigadora citada, las fiestas de quince años tienen su origen en las presentaciones de las jovencitas en las cortes europeas y existe la versión de que fue la emperatriz Carlota la que trajo este rito a México. La misma autora cuenta que en la época de don Porfirio se organizaban fiestas de presentaciones de jovencitas “al mundo social”, como ´la acaecida el 11 de septiembre de 1891, en la residencia de la familia Landa y Escandón, cuya hija, María Landa y Lozano, sus amigas: Carmelita Rincón y Terreros, María Schulz y Rincón, Carito Schmidtlein y 20 doncellas más, fueron presentadas a la comunidad como disponibles en el “mercado matrimonial”.(4) Estás fiestas propias de las familias pudientes mexicanas pronto permearon hacia las clases populares en una suerte de aristocrática imitación que llegó para quedarse y convertirse en un festejo tradicional a partir de los años 50 del siglo XX.

De modo que de ser un evento palaciego y aristocrático, la fiesta de los quince años devino en una tradición popular ineludible en los países hispanoparlantes, aunque para los anglosajones este rito propio de las comunidades latinas constituye un verdadero despilfarro, si se toma en cuenta que hacía delante la familia enfrentará los gastos de la universidad o “college”.


Pero la tradición y el sueño de las “princesas” se imponen sobre cualquier bolsillo, al fin y al cabo, todo se ajusta al presupuesto. Se calcula que en EU el gasto promedio realizado en una quinceañera oscila entre los 15 mil y 18 mil dólares, aunque hay paisanos que prefieren festejar en casa a la doncella y consiguen padrinos y madrinas para todo, en este caso la erogación no sobrepasa los mil dólares.

En México es la misma situación. Los hay festejos multimillonarios, celebraciones de salón o convivencias familiares en casa de la quinceañera, en las que la se transmiten mensajes simbólicos relacionados con el cuerpo, el género y el prestigio social. “Sin importar la clase social a la que pertenezca la festejada, la familia de ésta tiene la gran oportunidad de mostrar su nivel económico y poder de convocatoria, los cuales se exhiben en el festejo y calidad de la fiesta, señala Bibiana Camacho.(5)


Como elementos etnográficos del proceso festivo de los 15 años algunos autores enumeran los siguientes: prestigio y distinción social; el buen gusto y la originalidad en la elección del vestido y los recuerdos, y la puesta en escena del vals y del baile moderno o show, con chambelanes caballerosos, elegantes, de buen porte y capaces de ejecutar movimientos firmes y fuertes.(6) Los “dulces quince” son pues un aparador para las debutantes y su familia, un momento único, del que necesariamente deberá quedar un testimonio. De ahí que Saborío Carranza concluya que si la festejada no tiene un álbum fotográfico y un video (en los que queden grabados ensayos, ceremonia religiosa, fiesta y la reina del evento), es como si no hubiera tenido su quinceañera…


1 Secretaria académica de la Escuela de Extensión Académica de la UNAM en los Ángeles (EU) y autora del ensayo “La quinceañera, un fenómeno de transculturación e interculturalidad”, publicado en la revista “Decires”, volumen 12, número 14, primer semestre de 2010.

2 Fray Bernardino de Sahagún, “Historia General de las Cosas de la Nueva España”, tomo II, Editorial Conaculta (Cien de México), p. 866, primera reimpresión de la tercera edición en Cien de México, 2000.

3 Sahagún, op. cit., p.866.

4 Saborío Carranza, Mayavel, op. cit., pp. 29 y 30.

5 Camacho, Bibiana, “La fiesta de XV años, un rito de iniciación”, en REVES http://revesonline.com/2011/04/27/la-fiesta- de-xv- anos-un- rito-de- iniciacion/

6 Torres Serricolea, Ortega Palma, Juan Miguel y Albertina, “Una mirada antropológica al estudio de los rituales festivos. La fiesta de 15 años”, en Dimensión Antropológica, vol. 45, enero- abril de 2009, pp. 131-152.

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El Reformador 1076,

Col. Prensa Nacional, 

Tlalnepantla Edo. de Méx.

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