Las madres del siglo XXI

* Escobas y trapeadores por ordenadores, celulares y tabletas

* De cabecitas blancas a mujeres “chingonas”

* Pertenece al género femenino 43% de la fuerza laboral mexicana


Se atribuye a Ana Jarvis, nacida en Filadelfia, EU, la “maternidad” del festejo del Día de las Madres y hace ya 108 años que tuvo lugar la primera celebración en honor a las que el cine mexicano estereotipó como las “cabecitas blancas”, mujeres abnegadas y sufridas, colocadas en el imaginario social justo en el centro del melodrama familiar.

Fue un 10 de mayo de 1908 cuando se festejó por vez primera a las madres y el hecho ocurrió en una iglesia metodista del poblado de Grafton, Virginia, adonde acudieron 407 mamás acompañadas de sus respectivas familias. En esa ceremonia-según señala una nota del portal Terra – Jarvis regaló a cada una de ellas un clavel, la flor favorita de su fallecida madre.

La madre como figura que transita por caminos sembrados de tristeza, “lacrimosidad” e ingratitud fue tema favorito y harto explotado en la época dorada del cine mexicano de finales de la tercera década y principios de los años 40 del siglo XX, etapa que coincide con la consolidación de la clase media individualista y la exaltación hipócrita de la familia monógama, católica, apostólica y numerosa.

El autor Jorge Ayala Blanco dice, con un tonillo de sarcasmo, que el 10 de mayo “es el día del complejo de Edipo nacional”1 y menciona como filmes emblemáticos de las “cabecitas blancas” los siguientes: “Mi madrecita” de Francisco Elías, “Madre adorada” de René Cardona, “Mamá Inés” de Fernando Soler, “Cuando los padres se quedan solos” y “Cuando los hijos se van de Juan Bustillo Oro.2

En “El laberinto de la soledad” 3 Octavio Paz, extinto escritor mexicano y Premio Nobel de Literatura 1990, analiza el verbo “chingar” a partir del significado psicosociológico que tiene la palabra madre en la cultura mexicana. Se pregunta: “¿Quién es la chingada? Ante todo, es la madre. No una madre de carne y hueso sino una figura mítica. La chingada es una de las representaciones mexicanas de la maternidad como la Llorona o la sufrida madre mexicana que festejamos el 10 de mayo”.4

Paz afirma que “el chingón es el macho, el que abre. La chingada, la hembra, la pasividad pura, inerme ante el exterior. La relación entre ambos es violenta, determinada por el poder cínico del primero y la impotencia de la otra…”.5 Bueno, pero eso exhibían las películas de las tercera y cuarta década del siglo anterior y escribía Octavio Paz a mediados del siglo XX cuando apareció su libro que pronto se convirtió en un clásico de la etnopsicología 6 mexicana.

Pero ¿se corresponden esos estereotipos con el rol que están desempeñando las mujeres en el siglo XXI?. Forzadas por crisis y cambios económicos, así como por sus propios avances en los terrenos laborales, profesional y político podemos decir, sin temor a equivocarnos, que en no pocos casos ellas han cambiado escobas y trapeadores por celulares, ordenadores y “tablets”; el trabajo doméstico por la oficina, la fábrica, los servicios, el ejercicio de profesiones y la política.En consecuencia, buena parte de las madres del siglo XXI ya no son aquellas que esperaban el 10 de mayo el “generoso” regalo de una licuadora, la plancha o la aspiradora para hacer menos pesado el trabajo en el hogar.Ahora sus necesidades son otras: un nuevo teléfono portátil, un ordenador o una “tablet“para estar a tono con la modernidad tecnológica; una visita al spa, al gimnasio y la estética para someterse a un buen masaje, el mantenimiento físico y el arreglo personal, y unos zapatos y ropa que las hagan lucir presentables en los espacios laborales.

Esto es, siguiendo a Octavio Paz, paulatinamente las mujeres mexicanas están dejando de ser las sufridas y abnegadas “cabecitas blancas” para convertirse en unas “chingonas”.Gracias a las estadísticas proporcionadas por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (Inegi) es mesurable el relativamente rápido empoderamiento económico de la mujer mexicana.

Veamos: de representar 26.9% de la Población Económicamente Activa (PEA) en 1984, ellas pasaron al 43% en la actualidad; las mujeres participan con 11% de la mano de obra empleada en la industria de la construcción; 34.5% en el sector manufacturero; 51.3% en el comercio al por menor; 47.9% en los servicios (restaurantes, gasolineras, hoteles, contabilidad, escuelas privadas y servicios legales y médicos), y 13% en el transporte.


Sin embargo, todavía persisten inercias históricas y culturales que conspiran contra la igualdad de géneros. El Inegi señala que 97.9% de las mujeres empleadas combinan sus actividades extra domésticas con los quehaceres propios del hogar.7.

Por otra parte, estudios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), revelan que las mujeres dedican 373 minutos al día a diversas actividades del hogar, mientras los varones sólo 113; ellas destinan 53 minutos diarios al cuidado de los hijos, ellos únicamente 15; los hombres emplean 75 minutos diarios a la limpieza, preparación de alimentos o lavado de ropa, mientras que las mujeres 280.

En cuanto a la brecha salarial, en nuestro país por el mismo trabajo realizado los hombres perciben un salario mayor en diez por ciento en promedio al que reciben las mujeres.Por todo ello, Amantoli se une a la celebración del Día de las Madres, una fecha en la que se hace patente el reconocimiento social a las trabajadoras, jefas de familia, esposas y mamás que representan poco menos de la mitad de la fuerza productiva nacional.


1 Ayala Blanco, Jorge, “La aventura del cine mexicano”, ed. Era, 1968, p.p.49-51.

2 Ayaka Blanco, op. cit.

3 Paz, Octavio, “El laberinto de la soledad”, ed. F.C.E., colección popular 1973,

tercera reimpresión.

4 Paz, op, cit,, p. 68.

5 Paz, op. cit., p.70.

6 Para una profundización sobre la etnopsicología del mexicano ver Rogelio Díaz-

Guerrero, “Psicología del mexicano”, ed. Trillas.

7INEGI, boletín de Estadísticas a Propósito del Día de las Madres, 10 de mayo de

2013.

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El Reformador 1076,

Col. Prensa Nacional, 

Tlalnepantla Edo. de Méx.

Amantoli. Detalles inolvidables

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