• Por Roamand Zucré

La alcoba: lugar sagrado o paraíso de erotismo

¿Quién no ha escuchado la frase: “secreto de alcoba”? O el dicho según el cual los negocios se cierran en las cantinas y los pleitos se arreglan en la cama.

La alcoba, ese espacio íntimo reservado para el sueño, el descanso, el ocio o para los juegos erótico de la pareja, no siempre ha sido vista como el lugar en el que se da rienda suelta a las fantasías sexuales.

En el siglo XVII, la Iglesia condenaba que la pareja utilizara la alcoba con el fin único de la búsqueda del placer; para esta institución, la cama estaba reservada exclusivamente para la procreación, nada más.(1)


También se castigaban todas las posiciones “que no permitieran al vaso femenino recoger la semilla fecundante”.(2)

Hablamos de ese largo periodo de oscurantismo que vivió la humanidad a causa de la preeminencia cultural-religiosa de la iglesia católica; llegaron a tal grado sus prejuicios sobre el cuerpo que desconfiaba de la obsesión por el aseo personal, llegando a pensar que el descubrimiento del propio cuerpo podía incitar a “tocamientos sospechosos o suscitar el deseo del cuerpo del otro”.(3)

Esta forma de ver la desnudez llegó hasta los años 30 del siglo XX, cuando entre las familias acomodadas la regla era el baño semanal y el cambio de ropa interior en los niños ocurría una vez a la semana.

El cuarto de los secretos


“Era un mundo oloroso”-se lee en la obra de Ariés y Duby(4); “se reconocía al ser querido por el olor de sus pies”. En contraste, hoy en día el desodorante se ha convertido, junto con otros afeites, en un cosmético casi imprescindible en el arreglo personal. Debido a la actitud de condena que adoptó la Iglesia frente a la sexualidad, a la alcoba se le conoce de tiempos remotos como “el cuarto de los secretos”.

Ahí en ese espacio reservado escribían las cortesanas cartas a sus amantes, se hilaba, mimaba a los niños y se charlaba antes de pasar a los juegos de salón; ahí también el modisto hacía la prueba secreta de un vestido y, desde luego, tienen lugar los encuentros carnales.

Los aposentos del rey Salomón contaban con una magnífica cama tallada toda en cedro. “Tenía que ser magnífica para un soberano que-dice la historia-amó a 700 princesas y 300 concubinas extranjeras”.(5) Y existen testimonios de que la legislación familiar en Esparta permitía a un marido demasiado anciano introducir en la cama de su mujer a un hombre joven, a fin de que ella tuviera hijos sanos y vigorosos.(6)

Alcoba, lugar para “objetos sagrados”


Pero, ¿de dónde proviene el término alcoba? Se trata de un vocablo de origen árabe –al-qubbah)- y significa “edificio con cúpula”. Para este pueblo, la alcoba era el lugar en el que se guardaban objetos sagrados. Cabe mencionar que este tipo de edificios sirvió como modelo en la construcción de mausoleos, mezquitas, templos y sinagogas. A contrapelo de lo que obligaba a observar la Iglesia, desde tiempos prehistóricos existe el culto erótico-sexual de la alcoba(7). Hay que decir que cuando menos de hace 130 mil años (paleolítico inferior) datan los cuartos de dormir. El hombre de Lazaret ya construía edificaciones, con restos de mamut, madera y pieles, claramente diferenciadas, las cuales incluían un espacio en el que se encontraba la cama de paja cubierta con pieles.

Tiernos cavernícolas


Nuestros ancestros, según Pascal Dibie, no eran tan bestiales como se les pinta, arrastrando hacia la cama a una mujer que tomaban de los cabellos. Nada de eso. Hay testimonios de que desde la época de las cavernas, se practica la ternura entre la pareja y de que el acto sexual no cumplía solamente una función reproductiva.

En las pinturas de las cuevas de Tassili –N-Adjer (4000 años) se aprecia un acoplamiento humano con evidentes muestras de ternura y caricias, así como el jugueteo en posición de galga o de la vaca.(8) En la edad de piedra la “alcoba” ya contenía representaciones eróticas y así lo asientan los investigadores españoles Marcos García Díez y Javier Angulo, autores del libro “Sexo en piedra”.(9) Ellos ofrecen como prueba el hecho de que en las cuevas de Casares y Tito Bustillo, en Guadalajara (Castilla-La Mancha) y Ribadesella (Asturias), respectivamente, aparecen representados un coito, múltiples imágenes fálicas y la denominada “Sala de las vulvas”.

De hace nueve mil años data la representación de una pareja que tiene relaciones sexuales en la intimidad de una cabaña. La mujer se encuentra extendida de espaldas y el hombre encima, posición que fue considerada “la única natural” hasta el siglo XVIII de nuestra Era.

La alcoba ha evolucionado a través del tiempo, del el rústico alojamiento que fue en la Era del reno (el cual estaba decorado con falos y figuras humanas de ambos sexos, como la Venus de Willendorf, así como con vulvas triangulares, ovales y claviformes) se ha pasado a las fastuosas habitaciones faraónicas, los suntuosos palacios, hoteles de lujo y residencias de los potentados y consagrados. En suma, desde la prehistoria, pasando por las primeras civilizaciones como la sumeria, el antiguo Egipto, Grecia y Roma, hasta los tiempos modernos, la alcoba, incluyendo su imprescindible lecho, el mobiliario y la ornamentación, es un espacio íntimo, el “cuarto secreto” o el cuarto de dormir, en el que aparte de usarlo para descansar, 63% de quienes ocupan la cama, lo hacen también para sostener por placer relaciones sexuales.(10)

1] Pascal Dibie, Historia de la alcoba, ed. Gedisa, 2013, p.124.

[2] Philippe Ariés y George Duby, Historia de la vida privada, ed. Tauro, f.d.i,,2001, p. 219.

[3] Philippe Ariés y George Duby, op.cit. p.279.

[4] Philippe Ariés y George Duby, op. cit. p.279.

[5] Pascal Dibie, op. cit., p.29.

[6 Pascal Dibie, op. cit., p. 37

[7] La expresión “cuarto de dormir” se impuso no hace mucho, a mediados del siglo XVIII, según Gerad Vincent.

[8] Pascal Dibie, op.cit., p.17.

[9] http://homocronicas.blogspot.mx/?view=classic

[10] Pascal Dibie,op. cit., p.189.

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