El chocolate: ¿pócima diabólica o alimento de los dioses?

Actualizado: 5 de jun de 2019

¿Imagina usted una casa construida con tabiques y vigas de chocolate merecedora del Récord Guinness?Pues bien, aunque usted no lo crea, el pasado mes de abril del 2018 la chocolatera carioca “Casa de Chocolate” rompió la afamada marca mundial al edificar una casa de 15 metros cuadrados y 2.4 metros de altura utilizando ¡10 mil 488 kilogramos de chocolate! (1)¿Se resistiría una fémina al placer de paladear una trufa, un bombón o un pastel de aniversario (Selva Negra, Tarta Sacher o un Tiramisú) elaborados a base de chocolate? Definitivamente creemos que no, salvo raras excepciones.Pues existe tal gusto por este derivado del cacao que la “chocolatóloga” Adriana Ortemberg, (2) sugiere establecer la "chocolat party" para pasársela bien entre amigos, parejas o familiares saboreando este apreciado confite; incluso, propone convocar a dichas tertulias mediante invitaciones diseñadas en papel marrón cacao e incluir dentro una pastilla de chocolate.




Pero esto no siempre fue así…


A partir de la conquista y antes de su entronamiento como el rey de las golosinas y postres, el chocolate atravesó por una “chocolatosa” historia en la que unas veces fue satanizado; otras, endiosado.

La ancestral bebida (producto del procesamiento y mezcla de la almendra de cacao con diversos condimentos), cuyo origen se remonta a unos 4 mil años atrás, de acuerdo con algunos autores consultados, ha sido considerada un potente afrodisiaco. Alejandro Dumas, autor de la novela “Los tres mosqueteros”, le atribuía al chocolate efectos tonificantes y recomendaba ingerirlo combinado con ámbar gris, después de un episodio voluptuoso. (3)

Se le empleó, también, como un excelente camuflaje para disimular encantamientos amorosos y llegó a utilizársele como “suculento” brebaje portador de veneno. El cardenal de Lyon Alphonse de Richelieu (1634-1680) lo usó como remedio para aliviar el humor del bazo. (4)

En círculos del catolicismo se produjeron “sesudos” alegatos durante los siglos XVI y XVII para determinar si el chocolate (al que en sus indianos orígenes los mexicas llamaron atlaquetzalli” o agua preciosa, según cuenta Miguel León-Portilla) era pecaminoso, al ser éste el causante de que los religiosos y monjas al beberlo rompieran los ayunos dictados por la santa Iglesia. (5)

Requeridos sus consejos, los papas Gregorio XIII, Clemente VII, Paulo V, Pio V, Urbano VIII, Celemente XI y Benedicto XIV respondieron que la bebida en cuestión no quebrantaba los periodos de abstinencia. (6)

Brujería y lujuria chocolatera


Siguiendo con la leyenda “negra” del chocolate, nos encontramos con el artículo de Martha Few, profesora asociada de historia colonial de América Latina en la Universidad de Arizona en Tucson, el cual traducido al español lleva por título: "El chocolate, el sexo y las mujeres desordenadas en la Guatemala de finales del siglo XVII y principios del XVIII". Este texto resulta ser un verdadero compendio de “brujería y lascivia chocolatera”. (7) Dice: “(debido a) su color oscuro y su textura granulosa era fácil disimular en el chocolate elementos asociados con hechizos sexuales, tales como polvos y hierbas, así como partes y fluidos del cuerpo femenino”. (8)

Cuenta Few la historia de la bruja guatemalteca Gerónima de Barahona, quien a finales del siglo XVII “recetó” a la criada mulata Manuela Gutiérrez unos polvos que, junto con el agua resultante del lavado de “sus partes naturales”, habría de mezclar con chocolate para después dar a saborear dicho menjurje a su amante.

En otro caso mencionado por Few, Nicolasa de Torres, criada mulata, libre y soltera, acudió en busca de los “trabajos” de la india Petrona Munguía, quien le ordenó revolver vello púbico con una lombriz que yacía debajo de ciertas piedras y luego disolver la mezcla en el chocolate del patrón, a quien la mulata pretendía encantar. (9)

La misma autora da cuenta de los casos de doña Luisa de Gálvez y de una acaudalada y viuda mulata llamada Francisca Ágreda, quien en comunión con su hija Juana, preparó una pócima para su amante, que resultó ser el cura del poblado de Santa María, Guatemala. En ambos hechos las señoras, por indicaciones de sus respectivas hechiceras, dieron a beber el espumoso chocolate a sus incautos galanes, con más o menos los mismos ingredientes: polvos mágicos, agua resultado del lavado de sus sobacos y “partes pudendas”, vello púbico, uñas, canas y saliva.

Por el chocolate parió un bebé negro como el diablo…


En la Francia de Luis XIV, el “Rey Sol”, se llegó a considerar que ingerir en demasía el chocolate era la causa de que las embarazadas parieran hijos de piel oscura. La marquesa de Sevigné, Marie de Rabutin-Chantal (1626-1696), reconocida como una de las más grandes escritoras de epístolas de su tiempo, dijo, en 1670, que por haber bebido la marquesa de Coëtlogon tanto chocolate durante el periodo de gestación “tuvo un bebito tan negro como el diablo, y aquél murió”. (10)

Cuentan los versados en el tema que la madrileña María Teresa, esposa del mismo Luis XIV, se las ingeniaba para saborear a escondidas el chocolate, acompañada de dos cortesanas a las que nombraba La Molina y La Felipa. (11) Esto debido a que en la corte era mal visto el consumo de este producto exportado de América, primero a la península ibérica (España y Portugal) y luego diseminado por el resto de Europa, a partir de su introducción en Italia, Francia e Inglaterra.

Cacao, alimento de los dioses


Pero correspondió al naturalista Carlos Linneo redimir de las maledicencias al chocolate y restituirle su nobleza prehispánica al denominar científicamente al cacao theobroma: del griego θεός (teos)= dios + βρώμα (broma)= alimento; esto es: “alimento de los dioses”. (12) Antes que Linneo, el médico Joseph Bachot pronunció en 1684 un apasionado discurso en el que sostuvo que el chocolate era el verdadero alimento de los dioses: “Le chocolat est, plutôt que le nectar ou l'ambroisie, la vraie nourriture des dieux”.

Por su parte, el historiador Miguel León-Portilla cuenta que en la época precolombina los nobles, los poetas y los sabios ingerían en sus banquetes el agua preciosa o “atlaquetzalli”, bebida que se conoce hoy como chocolate, luego de ser sometida durante la Colonia al mestizaje gastronómico, con todas las sutilezas que le fueron añadidas.

León-Portilla cita el contenido del libro X, folio 63 r, del Códice Florentino en el cual se resume la manera de preparar y vender dicha “agua preciosa”, que se tomaba en jícaras o guajes:"La que vende el agua preciosa, la que hace la molienda y ofrece la bebida que regocija a la gente. La que muele el cacao, lo quiebra, machaca y pulveriza. Lo selecciona, escoge, separa. Lo remoja, hace que se empape. Le agrega agua con cuidado, lo airea, lo filtra, lo bate, lo levanta para que chorree, lo hace espumar, lo levanta, lo engruesa, lo hace pastoso, le añade agua y lo remueve.

"Vende buena, excelente bebida preciosa, la que pertenece al destino de los de linaje, agua de los señores, muy bien molida, suave, espumosa, rojiza, amarga, con agua de chile, con flores, con hueynacaztli (orejuela), teonacaztle (hierba de olor de la familia de las anonáceas), con tlilxóchitl (vainilla), con mecasúchil (acuyo), y también con miel de abeja silvestre y otras flores aromáticas”. (13)

Tras las huellas del cacao y el chocolate


La “chocolatóloga” Valentine Tibére, coautora con Pierre Hermé del “Larousse del Chocolate”, nos dice que el árbol del cacao se conocía entre los aztecas como “Cacahuamantli” y que a partir de nuevos descubrimientos arqueológicos puede concluirse que hace ¡cuatro mil años! el pueblo Mokaya (“la gente del maíz”) asentado en Mazatán, ciudad que se localiza en la región del Soconusco, Chiapas, producía diversas bebidas de chocolate. Para algunos historiadores, esta era la zona en la que se procesaba el mejor cacao de Mesoamérica. (14)

Refiere Tibére que en el “Popol-Vuh” o “Libro del consejo de los sabios ya se menciona el cacao (kakawa, en mixe-zoque; cacahuatl, en náhuatl) y según la tradición maya desde entonces se bebía el chocolate en jícara. (15)

Viajando en el tiempo, la autora nos remite al glifo del cacao labrado en la tumba del rey Pakal (siglo VII) en Palenque, signo presente también en el fresco del Templo Rojo de Cacaxtla (siglo VIII), así como en las divisiones del Templo de los Búhos, en Chichen-Itzá (siglo IX). (16)

El historiador y economista franco-venezolano Nikita Harwich, autor de la obra “Histoire du Chocolat” (1992), refiere que los mexicas entraron en contacto con los mayas entre los siglos XIII y XIV y de ellos adoptaron el gusto por el “xocoatl” que tomaban caliente o tibio, a diferencia de los quichés que lo consumían frío. (17)

Aunque Sophie y Michael D. Coe ponen en duda esta última afirmación al señalar que, en el diccionario español-maya del siglo XVII, resguardado en la Biblioteca Nacional de Viena, se asienta que el chocolate común se denomina en lengua maya: “chachaua haa”, agua caliente o también “chocolate caliente”. (18)

Cacao, oro molido que cuelga de un árbol


El cacao, base del chocolate, era “oro molido” en la época prehispánica, ya que se le usaba como moneda y tributo de lujo; su posesión en exceso daba al individuo el estatus de noble o pudiente. En su obra "Libro de las cosas de la Nueva España y de los naturales de ella”, fray Toribio de Benavente menciona el poder adquisitivo que tenían las semillas de cacao y ejemplifica que los “favores” de una mujer costaban entre 20 y 50 granos; un guajolote se conseguía con 200; una canoa tenía el valor de 100; una calabaza, 4; un conejo, 30; un huevo, 3; un esclavo que cantaba y bailaba, de 2400 a 4000, pero si no tenía tales gracias su precio oscilaba entre los 600 y 1000 semillas. (19)

Harwich hace referencia a las anotaciones del Códice Mendocino que ilustran acerca de los volúmenes de habas de cacao que los pueblos tributarios entregaban, poco antes de la conquista, a la Triple Alianza (Tenochtitlan, Tacuba y Texcoco). En total, las contribuciones ascendían a 980 cargas de almendras del caro fruto, equivalentes a unas 30 toneladas y al 10% de la producción del Soconusco (Chiapas), la Chontalpa (Tabasco), Zapotitlán, Guazacapán e Izcalco (provincias situadas entre Guatemala y El Salvador), y de la región caribeña del del istmo de Tehuantepec. (20)

Los historiadores coinciden en señalar que los mayas y mexicas preparaban de muy diversas maneras el chocolate, al que añadían aromatizantes y especias según la región y los gustos. Sobre este punto, León-Portilla menciona que en la tradición prehispánica la receta del chocolate incluía los siguientes componentes: 100 semillas de cacao, 2 chiles (pueden sustituirse por pimienta negra), un puñado de anís, una flor de oreja, 2 mecasúchiles (si faltaran esas especias pueden utilizarse rosas de Alejandría en polvo, 1 vainilla, 2 onzas de cinamomo, 12 almendras y otras tantas avellanas, media libra de azúcar y achiote al gusto. (21)

Hoy se conocen, aparte del chocolate, cuando menos siete diferentes bebidas populares que tienen como base el cacao. En primer lugar, tenemos al atole champurrado de origen mexica; se trata de una mezcla de chocolate con maíz cocido en agua o leche (este último líquido fue agregado durante el virreinato) que se bate hasta alcanzar consistencia espesa; la bebida puede endulzarse con azúcar o miel.

Tenemos, en seguida, la cacahuada preparada con pasta de cacao, agua y azúcar; el chilatl (chile atole) o chilate: bebida común en las costas de México que incluye cacao, maíz, chile y agua; el chorote, típico del estado de Tabasco, en cuya preparación se usan maíz cocido en agua, cacao tostado y molido, y azúcar al gusto. Se le sirve en una jícara.Existe, además, el pozol chiapaneco: agua refrescante que se obtiene al combinar masa de maíz y cacao tostado disueltos en agua, ingredientes a los cuales se les agrega canela y azúcar.

Otro derivado del cacao es el tascalate, igualmente de origen chiapaneco, elaborado con tortilla tostada o seca, cacao tostado y molido, achiote, canela y azúcar. Y finalmente podemos mencionar el xochistle: agua de cacao tostado y pulverizado a la que se le agrega achiote, miel o azúcar.(22)

Al final, después de tanto barullo, caminando el tiempo, el chocolate terminó imponiéndose en todo el mundo como un suculento componente de la repostería “gourmet” y como una espumosa y avainillada bebida a la que pocos paladares pueden renunciar, sean estos aristócratas o plebeyos.

A modo de colofón añadiremos, nada más, que los mayas y mexicas dieron al mundo el chocolate, mientras que los españoles y franceses aportaron el molinillo, la mancerina (23) y la chocolatera.



[1]http://www.guinnessworldrecords.es/news/2018/4/this-record-breaking-house-and-everything-inside-it-is-made-entirely-of-chocola-522252?fb_comment_id=1673672406073007_1725223064251274

[2] Ortemberg, Adriana, “Pasión por el chocolate”, ed. Océano Ámbar, 2005³, p. 188.

[3] Ortemberg, Adriana, op. cit., p. 41.

[4] Sophie y Michael D. Coe, Chocolate II, mística y mestizaje: “Estampas del chocolate en Europa”, revista-libro Artes de México, núm. 105, marzo de 2011, p.58,

[5] Corcuera de Mancera, Sonia, “El chocolate: ¿inocente placer al paladar o grave cuestión moral?”, Chocolate II, mística y mestizaje, revista-libro “Artes de México”, número 105, marzo de 2011. P.11.

[6] Sophie y Michael D. Coe, “La verdadera historia del chocolate”, ed. FCE, primera reimpresión (2000) de la primera edición en español (1999), p.p. 193 y 194.

[7] Un fragmento de ese artículo fue reproducido en “Chocolate III: ritual, arte y memoria” bajo el título: “El chocolate, el sexo y las mujeres de vida desordenada”, revista-libro “Artes de México” núm. 110, junio de 2013, pp. 24-33.

[8] Martha Few, op. cit. supra, p. 29.

[9] Few, ibídem.

[10] Sophie y Michael D. Coe, Chocolate II, mística y mestizaje: “Estampas del chocolate en Europa”, revista-libro Artes de México, núm. 105, marzo de 2011, p.58.

[11] Ibidem.

[12] Ibidem.

[13] León-Portilla, Miguel, “Atlaquetzalli, agua preciosa”, Chocolate II, mística y mestizaje, revista-libro “Artes de México, número 105, marzo de 2011, p.36.

[14] Valentine Tibére, “El chocolate del alba”, revista-libro “Artes de México”, no. 103, sep. 2011, p.25.

[15] Valentine Tibére, op. cit., p. 21.

[16] ibidem, p. 15.

[17] Nikita Harwich, “Comercio del cacao desde los mexicas a la Nueva España”, revista-libro “Artes de México”, no. 103, sep. 2011, p.50.

[18] Sophie y Michael D. Coe, “La verdadera historia del chocolate”, ed. FCE, primera reimpresión (2000) de la primera edición en español (1999), p.84.

[19] Fray Toribio de Benavente, Libro de las cosas de la Nueva España y de los naturales de ella”, citado por la revista-libro “Artes de México” no. 103, sep. 2011, p.45.

[20] Nikita Harwich, op. cit., p.49

[21]León-Portilla, M., op. cit. p.38. Según este historiador la receta es atribuida al médico Antonio Colmenero de Ledesma, oriundo de Écija, Andalucía, quien la reprodujo en su libro “Curioso tratado de la naturaleza del chocolate”, escrito en 1631, y “guarda gran relación con lo expuesto por quienes dieron la suya a Sahagún”, puntualiza. Hay que acotar, sin embargo, que los mexicas no conocían el azúcar como tal y que endulzaban sus bebidas con miel de abeja o miel de maguey.

[22] Gómez Martínez, Verónica, Bebidas elaboradas con cacao, Revista-libro “Artes de México”, no. 103, sep. 2011, p.63.

[23] La mancerina, primero fabricada en plata y luego en porcelana, sustituyó a la tradicional jícara, en la que se servía el chocolate. Se atribuye al marqués de Mancera, virrey de Perú de 1639 a 1648, su invención luego de ver que una dama derramó accidentalmente sobre su vestido el chocolate contenido en una jícara.

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El Reformador 1076,

Col. Prensa Nacional, 

Tlalnepantla Edo. de Méx.

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