• Por Roamand Zucré

Tarjetería y recuerdos. El gusto por la elegancia y distinción

Don Porfirio, el férreo y polémico dictador mexicano tan admirado en los palacios europeos y en la Casa Blanca del entonces naciente imperio anglosajón, celebró con gran pompa, en septiembre de 1910, el centenario de la Independencia... ¡Y ahí estuvo presente la tarjetería mexicana!

Y también, el diseño de grabados para la elegante y fina vajilla de porcelana sobre la que se aderezaron los tradicionales chiles en nogada, degustados en las cenas de gala que se servían en Palacio Nacional o en el Castillo de Chapultepec.

Gracias al testimonio hemerográfico que pone a nuestro alcance el Museo Soumaya, podemos recrear aquel ambiente de fiesta nacional que envolvió a la capital de la República, engalanada para la ocasión con monumentales obras arquitectónicas como el inicio de la construcción del marmóreo Palacio de las Bellas Artes (Bastión de Mármol, le llamó el propio Díaz) y la inauguración de la Columna de la Independencia, ambos, proyectos del arquitecto italiano Adamo Boari.

El histórico evento se preparó con esmero durante los once años precedentes –cuenta la historia-. Los ojos del mundo se fijaron sobre nuestro país que, dos meses después, de esas fiestas estallaría en una revolución social, la primera del siglo XX. La Ciudad de México fue engalanada: el Paseo de la Emperatriz, se convirtió en el afrancesado Paseo de la Reforma. Llegaron a México presentes de naciones tan distantes como China, que envió un reloj que todavía hoy se encuentra en la calle de Bucareli; de Turquía vino el Reloj Otomano que está emplazado en la esquina que forman las calles de Bolívar y Venustiano Carranza; llegaron también de Alemania y Estados Unidos las estatuas de Humboldt y de George Washington, respectivamente.

Cenas y bailes tuvieron lugar en el Palacio Nacional y en el Castillo de Chapultepec y ahí la tarjetería y el diseño hicieron acto de presencia. A los banquetes y bailes llegaba lo más granado de la sociedad porfiriana con su invitación en mano como la que puede verse aquí y un carnet en el que anotaban los nombres de las parejas y el género de ritmo que bailarían, sea que fuera vals, two step (variedad anglosajona de la polca) o cuadrillas (baile francés).

Don Porfirio ordenó a sus ayudantes la fabricación de una vajilla de fina porcelana para que fuese utilizada en las cenas de gala. La tarea fue encomendada a la Casa Florensa, cuyo propietario, Arturo R. Florensa, diseñó un plato extendido con el filete en verde, blanco y rojo, en el que se insertó el águila republicana, todo ello circundado por un fino filamento de oro. Y al centro, el monograma (PD), iniciales del nombre y primer apellido de don Porfirio Díaz Mori.

Hoy, 105 años después, la tradición continúa. Las familias mexicanas que se distinguen por su delicadeza y buen gusto preparan con tiempo y esmero los detalles de sus fiestas: cumpleaños, bautizos, quince años, bodas y aniversarios.En la actualidad, un buen festejo considera desde los espacios (salones, terrazas y jardines), el menú, la bebida y la música, hasta detalles imprescindibles como la elaboración de las invitaciones y los recuerdos, sin pasar por alto, desde luego, el maquillaje y la sesión de fotografía. De modo que son Porfirio era un rudo militar, pero era, también, gran amante de la buena vida… y de la elegancia.

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Amantoli. Detalles inolvidables

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