• Por Roamand Zucré

Calakmul: el enigmático reino de la cabeza de serpiente




El enigmático y poderoso reino maya de la cabeza de serpiente (kul´kan ahaw) tuvo como metrópoli la monumental ciudad de Calakmul o de los “dos montículos o pirámides adyacentes”, bautizada así en 1931 por su descubridor el botánico y explorador Cyrus Longworth Lundell, empleado de la firma chiclera “Mexican Explotation Company”(1).

Dicha zona arqueológica está situada al sur del estado de Campeche, a unos 20 kilómetros de la frontera con Guatemala. Declarada en 1989 reserva de la biósfera y patrimonio cultural de la humanidad por la UNESCO en 2002, el desarrollo alcanzado y el grado de complejidad de su organización sociopolítica, presentan muchas incógnitas todavía, en opinión del arqueólogo del Centro del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de Yucatán, Ramón Carrasco. (2)

Esta “superpotencia” de las tierras mayas del Petén central, fundada entre el 600 y 500 a.C. en un área de 25 km² y habitada ininterrumpidamente por unas 50 mil o 60 mil personas durante poco más o menos unos 1400 años, de acuerdo con fuentes históricas consultadas, fue el “cuchcabal” (señorío) que desafió la autoridad del hegemónico reino de Tikal (en habla Itzá: “cerca del ojo de agua” o “lugar de las voces o lenguas”) que floreció en el actual territorio de Guatemala.

Calakmul, la ciudad maya con el mayor número de estelas (104 hasta 1996), tuvo su esplendor durante el periodo clásico, que abarca del 300 a 900 d.C. La prominente dinastía “kaan” (serpiente), de la cual se conocen hasta hoy 19 reyes infligió derrotas a los caciques de Tikal y de Palenque, a manos de los k´uhul ajaw o “sagrados señores”: “Testigo del cielo” y “Serpiente enrollada”. ( 3 ).

La rivalidad entre Calakmul y Tikal se mantuvo durante casi un siglo, misma que se agudizó a raíz de que en 562 el jefe de Caracol, Belice, aliado de Calakmul, acometió y venció al señor de Tikal.

Duelo de titanes



Cuentan los historiadores que en el año 682 subió al trono de Tikal Hasaw Cha´an-K´awil, también conocido como Ah Cacao, quien dijo ser enviado de los dioses y de sus ancestros para restaurar el prestigio del reino, perdido a manos de la dinastía “kaan” de Calakmul.(4)

En el 695 ocurrió el “choque de trenes”, Hasaw Cha´an K´awil combatió y aniquiló al ejército del señor de Calakmul, Yukom Yich´ak K´ak (“Gran garra de jaguar”), lo que arrojó como resultado la pérdida de aliados y el inicio de la decadencia del reino de la cabeza de serpiente.

No muchos años después, Hasaw Cha´an K´awil murió y fue inhumado en el templo I de Tikal, de 47 metros de altura, conocido como el del “Gran Jaguar”, mientras que los restos de su acérrimo enemigo Yukom, sin duda el más renombrado de los soberanos de Calakmul, fueron depositados en la estructura II de la acrópolis (5) , que con 55 metros de altura, es la cuarta pirámide más elevada del México prehispánico, después de las de Toniná (Chiapas), Cholula y Teotihuacán con 75, 66 y 63 metros respectivamente.

Calakmul y los chicleros

Cerca de mil años, hasta su descubrimiento, se mantuvieron “sepultadas” bajo la exuberante vegetación de la selva campechana las ruinas de lo que fue la esplendorosa acrópolis de Calakmul, considerada por el INAH como la más importante organización sociopolítica del periodo clásico. De acuerdo con los cálculos de antropólogos y arqueólogos, el paulatino abandono de las ciudades mayas dio inicio en el periodo clásico tardío, alrededor del 900 de nuestra era y no fue sino hasta el advenimiento del “boom” chiclero cuando empezaron las exploraciones arqueológicas en lo que es ahora el estado de Campeche.

Algunas de las obras sobre el tema publicadas por el INAH adjudican el hallazgo de Calakmul a las cuadrillas de chicleros que recorrieron, allá por 1870, (6) las selvas de Yucatán y Quintana Roo para extraer del árbol del chicozapote la savia blanquecina con la que, desde siglos atrás, los mayas elaboraban el chicle, tanto para provocar salivación como para limpiarse los dientes.

El árbol de chicozapote o “ytziá, representaba para los mayas a la sabiduría y la mujer. Es la madre a la que le escurre la leche por el tronco, a partir de la cual se producía el “zicté” o látex. (7)

De modo que, gracias a la herencia de los mayas, ya que éstos fueron los únicos que durante largos siglos observaron la costumbre de masticar la goma, es que los chicleros del tercer cuarto del siglo XIX escudriñaron entre la maleza para descubrir que existían ahí escondidos los restos de una misteriosa civilización.

Sin embargo, se le reconoce oficialmente el mérito de tal descubrimiento, en 1931, a Cyrus Longworth Lundell. Fue él quien al ver la monumental muestra de majestuosidad de la cultura maya bautizó el sitio como Calakmul. (8)

Artritis y osteoporosis entre la realeza maya


¿Imagina usted al k´uhul ajaw (sagrado señor) “Gran garra de jaguar” retorcerse por los dolores de hombros y espalda debido a la artritis que le aquejaba?; o ¿concibe usted la idea de ver al mismísimo Janaab Pakal, célebre soberano de Palenque, viviendo un calvario por la artritis degenerativa que le atacaba las cervicales, causándole insoportable malestar en nuca y espalda? Pues bien, ambos gobernaron con esas enfermedades propias de la aristocracia maya. Un interesante artículo publicado por los doctores Vera Tiesler y Andrea Cucina,( 9 ) investigadores de la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Yucatán, nos revela que por más divinos que se creyesen “Gran garra de jaguar” y Pakal, éstos no escaparon a los males habituales entre la élite gobernante.

Estudios de restos óseos realizados en el área de Calakmul por los citados científicos sociales, así como por Mario Coyoc Ramírez, del Centro de Investigaciones Históricas y Sociales de la Universidad Autónoma de Campeche, encontraron que entre la realeza maya del periodo clásico eran, hasta cierto punto “normales”, los padecimientos de artritis, espondilitis anquilosante, osteoporosis y enfermedades dentales.

La misteriosa Reina Roja de Palenque tenia, sin duda, muy mal aliento, ya que Tiesler y Cucina descubrieron en los maxilares de su calavera huellas de excesiva acumulación de sarro en la dentadura y de repetidas apariciones de abscesos e inflamaciones en las encías, esto ocasionado por su pésima higiene bucal. Tal vez, queremos pensar, a esta soberana le resultó insuficiente para disfrazar su halitosis el chicle o zicté que los mayas producían y mascaban, y quizás con una buena dotación de chicles Adams, elaborados con la savia que se extrajo en exceso de los árboles de chicozapote de la selva campechana siglos más tarde, hubiese podido acercarse con más confianza al rey Pakal. ¿No cree usted?

1Martínez Vera, Regina (coordinadora), “Calakmul”, Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y UNESCO, impresa el 28 de septiembre del 2012, p.64.

2 Vidal, Carlos y Domínguez, Marilyn (compiladores), “Calakmul “(antología), ed. CONACULTA-INAH, 2003, p.97.

3 Martínez Vera, op. cit., p. 164.

4 Vidal, Carlos y Domínguez, Marilyn, op. cit. p. 171.

5 “Es una pirámide, un “cuyo” (o ku), de tremenda altura cuya cúspide sobrepasa los árboles más altos en los que habitan “tuchos” (simios) y águilas. Aproximadamente se estima su altura en cerca de 60 metros”, Vidal y Domínguez, op. cit., p.88.

6 Martínez Vera, Regina (coord.), op. cit., p.39.

7. - Ibidem, p.40

8. - Ib., p.64.

9 .-Revista “Arqueología Mexicana”, vol. III, no.74, julio y agosto del 2005.

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