Bonampak, cuna del muralismo mexicano


Bonampak es la cuna del muralismo mexicano. Y el primer gran muralista del que se tiene registro se llamó Och, el ah tzib o maestro pintor que vivió hace más de 12 siglos en la corte de Chaan Muan II, soberano de ese reino, hijo de Ah Zac Huh y de la señora Ah Cul Patah.( 1 )


La vida del maese Och transcurrió entre la exuberante y cálida floresta de la selva chiapaneca, bajo las copas de las ceibas (conocidas también como yaxché, bombax y zopo), las caobas y el palo mulato.

Ahí, entre la espesa arboleda, Och recorrió, sin duda, caudalosos ríos y sosegadas lagunas, y se embelesó con los vivos y luminiscentes matices de las guacamayas rojas que parloteando surcan el límpido cielo de la jungla, el que comparten con tucanes, loros, colibríes, arpías (elegantes y blancas), chachalacas, halcones y pájaros carpinteros.


En el 750 d.C., más o menos, Bonampak vivía su momento de esplendor bajo el reinado de Chaan Muan II, señor de Bonampak y Lacanjá, quien encargó a Och, considerado hoy uno de los grandes creadores de las obras pictóricas del mundo, diseñar y plasmar en los palacios y aposentos las escenas cortesanas y ceremonias político-religiosas del periodo de la “triple alianza”: Bonampak, Yaxchilán y Lacanjá.

De modo que muchísimos años antes de que el genio y arte de David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera, José Clemente Orozco, Juan O´Gorman, Rufino Tamayo y una pléyade de artistas plásticos más hicieran posible el boom del muralismo mexicano, Bonampak era ya una galería selvática de arte pictórico, la cual perdura hasta nuestros días.


“La pintura mural funge como un soberbio medio de comunicación y aunque ignoramos todas las claves del código para la correcta lectura de las imágenes, es posible formarse una idea verosímil de sus contenidos. Los murales nos hablan también de un lenguaje no tácito, el de los afanes de trascendencia, esto es, de sobrepasar los accidentes y límites de la vida, que buscaban los hombres que habitaron esta parte del mundo hace muchos siglos”, nos dice Alfonso Arellano Hernández, investigador del Centro de Estudios Mayas de la UNAM). (2 )


Los mayas, maestros del realismo naturalista


El estilo de Och es una amalgama de colores, figuras y escenarios que narran acontecimientos de la aristocracia maya, de personajes bien definidos que vivieron en un periodo histórico claramente delimitado, a diferencia de lo que acontece con el muralismo teotihuacano- desarrollado entre los años 200 y 700 d.C. (periodo clásico mesoamericano)- en el que la secuencia y la cronología de los edificios que les sirven de soporte no están bien establecidas, de acuerdo con explicación del arqueólogo Rubén Cabrera Castro (zona arqueológica de Teotihuacán-INAH), ( 3)


Además, dice el mismo Cabrera Castro: el problema de Teotihuacán referente a su cronología, a diferencia de otros pueblos mesoamericanos, es el de no haber contado con documentos escritos y de carecer de inscripciones para registrar sus eventos, como ocurrió con los mayas”.



El edificio de las pinturas


Un buen ejemplo del estilo del muralista Och es el Edificio de las Pinturas que data del año 791 d.C., de acuerdo con investigaciones históricas. Esta construcción fue levantada por órdenes de los caciques Chuan Muan II y Pacal Bahlum II (Escudo Jaguar II), señores de Bonampak y Yaxchilán, respectivamente.

De acuerdo con descripción realizada por la fallecida historiadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Sonia Lombardo de Ruiz, ahí aparecen las figuras representativas de diez invitados de otros señoríos, de los nobles locales y familiares que asistieron a la dedicación del propio edificio.

Resaltan las imágenes del señor de Lacanjá y de Ah Bahlum del mismo señorío, así como del señor de Yaxchilán, Pacal Bahlum II, cuñado de Chuan Muan.

Dijo esta autora:

“Lo excepcional de las pinturas de Bonampak, lo que las convierte en una obra de arte de primera magnitud, es que en ellas se logra una gran unidad, a través de la óptima integración de los recursos técnicos, formales, iconográficos, simbólicos y expresivos, todo lo cual se traduce en un alto valor estético”.


La técnica del muralismo de los mayas fue perfeccionándose con el paso del tiempo, evolucionó del bicromo de los periodos Preclásico tardío y temprano (50 a.C.- 150-d.C.) al estilo policromo desarrollado en el Clásico tardío (600-900 d.C.), con el que se alcanza en Bonampak “un naturalismo a ultranza”, según valoración que en su momento hizo la ya mencionada historiadora Lombardo de Ruiz. (4)


El realismo pictórico de esta ancestral etnia del sureste se expresa, de acuerdo con las observaciones de Lombardo de Ruiz, mediante la reproducción de un tipo de humano “ideal”, representado por un rostro de perfil con ojos almendrados, nariz aguileña, mentón redondo y labios carnosos.

Además de la figura humana, escribió la desaparecida historiadora, se introducen construcciones, muebles, formas de la naturaleza, minerales, vegetales, animales o astros. Y concluyó: “(con esto se logró) la expresión más grandiosa y evolucionada del muralismo”. Los temas de los murales de Bonampak son variados, pero destacan capturas, el trato que se daba a los prisioneros, las penitencias de los gobernantes, batallas y coronaciones.


Riqueza iconográfica


De los detalles y riqueza iconográfica del muralismo maya, Lombardo de Ruiz dejó para la posteridad sus investigaciones sobre la figura humana que aparece de perfil y sentada a la manera oriental, ataviada con ricos tocados y atuendos, recargados estos con elementos decorativo-simbólicos.

Observó que la disposición de las figuras en el espacio lleva implícita una jerarquía y resaltó la importancia que para los soberanos mayas tenía el muro posterior de la cámara, dada su privilegiada visualización al entrar.


Sin explicar el por qué, la historiadora subraya el hecho de que entre los muralistas mayas era costumbre pintar a los personajes de frente, pero con el rostro de perfil. Las orejeras, pulseras y brazaletes constituían adornos propios de la realeza, que aparece severa frente a la posición de acatamiento y sumisión de los prisioneros atados con lazos.


“Lo excepcional de las pinturas de Bonampak, lo que las convierte en una obra de arte de primera magnitud, es que en ellas se logra una gran unidad, a través de la óptima integración de los recursos técnicos, formales, iconográficos, simbólicos y expresivos, todo lo cual se traduce en un alto valor estético”, puntualizó Lombardo.


Han transcurrido poco más de 12 siglos desde la desaparición del soberano Chaan Muan II y del muralista Och, pero los frescos siguen ahí entre el verdor de la selva para contar en los muros de templos y palacios la historia de la grandeza de la cultura maya.

 

[i] De la Fuente Beatriz (†) y Staines Cicero, Leticia, “La pintura mural prehispánica en México II: área maya, Bonampak, ed. UNAM/Instituto de Investigaciones Estéticas, México, “1998, p. 282. [ii] De la Fuente, Beatriz (coord.)/“Muros que hablan, ensayos sobre la pintura mural prehispánica en México”, ed. Colegio Nacional, 2004, p.26. [iii]Cabrera Castro, Rubén/“Contexto y cronología de los murales teotihuacanos y la secuencia pictórica del barrio de la Ventilla en Teotihuacán”, op. cit. supra, p. 194. [iv] Lombardo de Ruiz, Sonia (†), ¿Qué nos dijeron los estilos de la pintura mural maya?”/ “Muros que hablan, ensayos sobre la pintura mural prehispánica en México”, ed. Colegio Nacional, 2004, p.p. 294 y 295.

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