Al son de la marimba




En la década de los 40 del siglo XX irrumpió en el escenario cinematográfico un exótico instrumento fabricado de pulida madera de hormiguillo (“platymiscium dimorphandrum donn”); se le conoce con el nombre de “marimba”, cuyos orígenes remotos, según algunos autores, se sitúan en lejanas tierras localizadas en la parte sudoriental del continente africano, aunque otros sostienen que su creación es resultado del genio de chiapanecos y guatemaltecos.


Era la época de los aparatos de radio Westinghouse; del Oldsmobile que se anunciaba como “el carro del mañana, hoy”, del boogie-woogie y de las canciones del arrabal: “Callejera”, “Cabaretera” “Amor Vendido”, en la voz de Fernando Fernández.


De manera, pues, que la marimba tal como la conocemos hoy, hizo su aparición fílmica en ese México de la Segunda Guerra Mundial, el de los albores del avilacamachismo cuando el zócalo capitalino se encontraba sembrado de palmeras y emergían en el paisaje urbano los monumentos de la Raza y la Diana Cazadora.


A través de la pantalla grande, este singular instrumento musical comenzó a popularizarse en un Distrito Federal que contaba, entonces, con 1.5 millones de habitantes, incluidos los que pertenecían a la clase popof o fifí, según el vocablo hoy en boga, quienes concurrían a los bailes “Blanco y Negro” del Country Club, fiestas de las que surgieron algunas divas del cine nacional como la malograda Miroslava Stern.


En fin, era aquella la Ciudad de México en la que los aficionados a la tauromaquia vitoreaban con un paso doble de Agustín Lara el reinado del “Faraón de Texcoco”, Silverio Pérez, al que se le pintó como “torero, torerazo, diamante del redondel”, mientras que los noctámbulos solían pasarla bien en el cabaré de moda: “El Waikiki”.


Al son de la marimba

En ese ambiente metropolitano se estrenó, el 12 de febrero de 1941, la cinta “Al son de la marimba” dirigida por Juan Bustillo Oro y cuyo reparto encabezaron Sara García, Fernando Soler y Joaquín Pardavé, este último autor de temas inolvidables como “Varita de Nardo”, “La Panchita” y “Negra consentida”. Quién, de aquellos ayeres, no recuerda a esas tres ilustres figuras del cine nacional bailar el son tradicional “El rascapetate”, ejecutado por la marimba Lira de San Cristóbal.


El tema musical de la película, obra de Alberto Domínguez, fue interpretado por Emilio Tuero, el galán del momento. En los inicios de la década de los 50 la marimba y el estado de Chiapas vuelven a las salas de cine del Distrito Federal, ahora con la película “El Ceniciento” (1951), dirigida por Gilberto Martínez Solares, en la que el cómico Germán Valdés, “Tin-Tan”, caracteriza a un indígena Chamula de nombre Valentín, llegado desde el sureste a la capital, mientras los Hermanos Zavala aparecen tocando en el instrumento la pieza “Mambo jazz”.


También Agustín Lara, “El flaco de oro”, hizo eco a la onda chiapaneca y en 1952 estrenó en la cinta “Ansiedad”, dirigida por Miguel Zacarías, su tema: “Oye la marimba”, cantada a dúo por Libertad Lamarque y Pedro Infante.


¿Centroamericana o africana?


Pero ¿de dónde viene este instrumento en el que los virtuosos maestros chiapanecos ejecutan lo mismo un vals, un danzón, paso doble y cumbia que el mexicanísimo Huapango de Moncayo o la obertura Poeta y Campesino del austrohúngaro Franz von Suppé?

El escritor, poeta y periodista chiapaneco Roberto López Moreno, ( 1 ) furibundo crítico de las tesis “africanistas” y “extranjerizantes” sobre los antecedentes remotos de la marimba, reclama sin reservas para Chiapas y Guatemala la paternidad de su creación.


De acuerdo con la obra de López Moreno, el invento de la marimba “cuache” o de doble teclado se dio casi simultáneamente en Chiapas y Guatemala a finales del siglo XIX. El autor precisa que sus creadores fueron, en Chiapas (29 de junio de 1892): Corazón de Jesús Borrás Moreno, ( 2 ) originario de San Bartolomé de los Llanos, hoy Venustiano Carranza, y en Guatemala: el quetzalteco


Sebastián Hurtado (1899), quien la estrenó con el vals Xelajú en ocasión del cumpleaños de Manuel Estrada Cabrera, a la sazón presidente de ese país ( 3 ) centroamericano.

En la disputa por la paternidad del instrumento musical hay quienes creen ver en el teponaztli y en un teclado precolombino de ocho tablillas llamado en náhuatl “yolotli” o “cheahbix” en quiché, la confirmación de la validez de la tesis del origen autóctono del instrumento.

Negros tocando marimba y bailando. Foto tomada del libro"Voces de la Sierra (marimbas sencillas en Chiapas)”.

No obstante, el lexicón germano “Der Grosse Brockhaus”, traduce el término marimba como negerklavier (piano de negros) o negerxilophon (xilófono de negros), ( 4 ) con lo que sitúa su origen en la dimensión racial.


En el Brockhaus Musik Lexikon, también de Alemania, encontramos una definición que nos remite a la génesis y diáspora del objeto musical, al describírsele como un “instrumento de percusión xilofónico de origen africano, que fue llevado a Centroamérica por esclavos negros, en donde (por ejemplo, en Guatemala) se convierte en instrumento popular”. ( 5 )


De manera que la marimba habría llegado a nuestras tierras, dicen algunos de los estudiosos del tema, de allá de la costa sudoriental del África, junto con los esclavos negros transportados en los galeones ingleses, holandeses, galos y portugueses.


Helmut Brenner, autor teutón de la obra: "Marimbas en América Latina: hechos históricos y status quo de la tradicional marimba en México, Guatemala, Belice, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Colombia, Ecuador y Brasil" (“Marimbas in Lateinamerika: historische fakten un status quo der marimbatraditionen in México, Guatemala, Belize, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Kolumbien, Ecuador un Brasilien”) nos conduce, en la búsqueda de las huellas del génesis de la marimba, hasta la época del tráfico de esclavos (siglos XVI al XIX) y asegura que hay evidencias escritas e iconográficas de la existencia de xilófonos en África antes que se les conociera en América.


Refiere que en el códice llamado Manuscritti Araldi, escrito entre 1654 y 1678 por el misionero italiano Giovanni Antonio Cavazzi, se pueden apreciar dos acuarelas representando, en una de ellas, a un grupo de personas de color llamadas “suonatoris” (músicos), y en la otra, una pequeña procesión. A uno de los músicos de la marcha se le nombra “marimbero”.


Puntualiza Brenner que esta es la versión más antigua que se conoce de la marimba, relacionada con el xilófono africano. ( 6 ) Helmut Brenner menciona que la prueba más antigua e inequívoca de la existencia de la marimba en América en tiempos de la Colonia se encontró en Guatemala y data de 1680. Se trata de una crónica sobre la consagración de la catedral de Santiago de los Caballeros (Antigua) en la que se menciona que en la procesión “iba por delante una tropa de cajas, atabales, clarines, trompetas, marimbas y todos los instrumentos que usan los indios; estos iban en gran número con ricos vestidos y galas

como acostumbran en sus bailes”. ( 7 )


Brenner abunda en datos y refiere que entre 1782 y 1787 Baltazar Jaime Martínez de Compañón, obispo de Trujillo, Perú, encargó a un autor anónimo una acuarela que tituló “negros tocando marimba y bailando”. ( 8 )


Lawrence Kaptain (“Maderas que Cantan”, Consejo Estatal de Fomento a la Investigación y Difusión de la Cultura. Instituto Chiapaneco de Cultura, primera edición en español, 1991), citado por Lester Godínez, menciona un artículo aparecido en el Diario de México en 1801 bajo el título “Discurso sobre la Música”, en el que se dice lo siguiente: “He oído que en Guatemala son muy grandes con tablillas de madera sobre calabazas que son muy sonoras. Las tocan a la perfección y les llaman marimbas”. Esto da pie para pensar que hasta principios del siglo XIX la marimba no era conocida en el territorio de la Nueva España, sino que se trataba de un instrumento típicamente chapín y, por ende, de Chiapas y el Soconusco entonces sus provincias anexas. ( 9 )


Los investigadores Vida Chenoweth (The marimbas of Guatemala, The University of Kentucky Press, 1964) y el doctor Fernando Ortiz (La afroamericana marimba. Artículo en la publicación “Guatemala Indígena 6”, no. 4, 1971.), coinciden en señalar que el término marimba es de origen “bantú” y explican que la terminación “imba” (cantar) resulta ser un vocablo de uso común en lenguas africanas.


Lester Godínez menciona que la comunidad sena de Mozambique designa como valimba o varimba a un xilófono con calabazas que los chopis denominan, a su vez, m´bila. Este instrumento musical está emparentado con el makwilo compuesto por dos troncos de madera (leña común o también de palmera o de bananos, sobre los cuales se asientan las teclas fabricadas con madera de un árbol denominado Umbila. ( 10 )


Por su parte, el etnólogo austriaco Gerhard Kubik, conocedor de las lenguas africanas, sostiene que en bantú (Mozambique y Malawi) “rimba” puede significar golpe de una sola nota (golpe de baqueta) en xilófono de madera y que ma es un prefijo para el plural de modo que etimológicamente el vocablo marimba vendría a significar “múltiples sonidos de madera.( 11 )


Finalmente, chiapaneca, guatemalteca, africana, asiática o europea eso es lo de menos. La marimba tal como la conocemos hoy en día es internacionalmente admirada e indudablemente es de diseño chapín y chiapaneco, de donde irradió a los estados de Tabasco, Oaxaca, Campeche, Yucatán y Veracruz, en México, y hacia Belice, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Colombia y Estados Unidos, en Centroamérica, Sudamérica y Norteamérica.


1López Moreno, Roberto, “Entre el invento y el origen: La Marimba”, Coneculta: El ala de la iguana, 2006, Tuxtla Gutiérrrez, Chiapas.

2 Borrás Moreno falleció sin pena ni gloria en la ciudad de Huixtla en 1960. Chiapas.

3 López Moreno, op. cit., p. 73.

4 Godínez Lester, “La marimba guatemalteca”, ed. Fondo de Cultura Económica, 2002, p. 34.

5 Godínez, Lester, op. cit. p.35.

6 Helmut Brenner, José Israel Moreno Vázquez y Juan Alberto Bermúdez Molina (coord..), “Voces de la sierra (marimbas sencillas en Chiapas)”, Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas y Universidad de Música y Arte Dramático de Graz. 2014, p.19.

7 Brenner et. al., op. cit., p. 21.

8 Ibidem., p.21.

9 Godínez, Lester et. al., op., cit., p.139.

10 Ibidem., p.64.

11 Ibidem., p.35.

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El Reformador 1076,

Col. Prensa Nacional, 

Tlalnepantla Edo. de Méx.

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